El diagnóstico con perspectiva de género es el punto de partida para cualquier plan de igualdad que quiera ser más que un trámite. Es el momento de mirar con lupa cómo funcionan las relaciones laborales dentro de la organización: ¿quién accede?, ¿quién promociona?, ¿quién cuida?, ¿quién lidera?, ¿quién se queda fuera?
No se trata de un simple análisis de datos. Se trata de nombrar desigualdades estructurales que muchas veces están normalizadas o invisibilizadas. Hacer un buen diagnóstico requiere método, enfoque crítico y una mirada feminista que cuestione no solo lo que se ve, sino también lo que se oculta.
El Real Decreto 901/2020 obliga a las empresas de más de 50 personas trabajadoras a realizar un diagnóstico previo antes de diseñar el plan de igualdad. Pero no basta con cumplir. Muchas organizaciones encargan diagnósticos que apenas recogen estadísticas de plantilla, sin cruzarlas por sexo, categoría, condiciones laborales o tipología contractual. O bien se hacen entrevistas sin incorporar preguntas sensibles sobre acoso, conciliación o percepción de trato.
Un diagnóstico con perspectiva de género debe incluir, como mínimo:
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Análisis cuantitativo: datos desagregados por sexo, categoría profesional, salario, tipos de contrato, jornada, promociones, permisos, etc.
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Análisis cualitativo: encuestas, entrevistas o grupos focales que recojan las percepciones, vivencias y barreras específicas de mujeres, hombres y personas LGTBI.
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Revisión de documentación: protocolos, criterios de selección, planes de formación, comunicaciones internas.
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Cultura organizacional: clima laboral, lenguaje utilizado, prácticas informales, roles de poder y toma de decisiones.
Además, debe tener una mirada interseccional, reconociendo cómo se cruzan el género con la edad, origen, diversidad funcional, orientación sexual, etc.
Uno de los errores más comunes es intentar hacerlo desde dentro, sin apoyo experto. El riesgo es enorme: sesgos, resistencias, falta de mirada crítica, o simplemente el “síndrome del diagnóstico decorativo” (el que nadie lee ni aplica). Por eso es tan importante contar con acompañamiento externo especializado en igualdad de género, que garantice no solo rigor técnico, sino también un proceso seguro, confidencial y participativo.
Un buen diagnóstico no busca culpables, sino mapear desigualdades para transformarlas. Permite diseñar un plan de igualdad ajustado a la realidad, con medidas eficaces y objetivos alcanzables. Y sobre todo, da voz a quienes más lo necesitan: las personas que viven la desigualdad.
¿Estás pensando en iniciar un plan de igualdad en tu empresa o revisar uno ya existente? Todo empieza por un diagnóstico honesto y riguroso.
Puedo ayudarte a construir ese primer paso: con metodología feminista, herramientas propias y experiencia acompañando a organizaciones públicas y privadas.

